La ofensiva mediática contra Suárez-Quiñones: cuando el miedo político se disfraza de análisis electoral en León

En política, pocas señales son tan claras como la intensidad del ataque. Cuando un dirigente concentra la atención sistemática de la oposición y de su ecosistema mediático afín, no suele ser por debilidad, sino por todo lo contrario. El consejero Juan Carlos Suárez-Quiñones se ha convertido, a ojos de una oposición socialista cada vez más fragmentada en Castilla y León, en el adversario más incómodo y peligroso del Partido Popular en la provincia de León. De ahí que determinadas cabeceras alineadas con el PSOE hayan optado por una estrategia transparente: erosionar su imagen pública para forzar su sustitución política.

Árticulos que circulan ya y otros que circularan estos días bajo el disfraz de «análisis electoral» responden a un patrón clásico de manual propagandístico. Se parte de una conclusión prefijada —Suárez-Quiñones está “quemado”— y se construye después un relato acumulativo que mezcla hechos descontextualizados, interpretaciones interesadas y proyecciones demoscópicas sin respaldo verificable. No hay información nueva, no hay contraste, no hay pluralidad de fuentes. Hay, eso sí, una intencionalidad política evidente., pero los leoneses saben interpretar estos burdos movimientos.

El foco elegido son los incendios forestales del verano, una tragedia real y dolorosa para la provincia de León que merece rigor, respeto y análisis técnico. Sin embargo, el tratamiento que se hace de ese episodio no busca esclarecer responsabilidades administrativas ni mejorar los protocolos de prevención, sino personalizar el desgaste en una sola figura política. La reiteración de expresiones como “incendiado políticamente” o comparaciones forzadas con otros episodios nacionales no aporta información: busca fijar un marco emocional negativo en el lector.

Conviene introducir aquí un elemento que el relato omite deliberadamente. La gestión de los incendios forestales en Castilla y León ha sido objeto de debate parlamentario, comparecencias públicas y explicaciones técnicas. Que la oposición discrepe es legítimo; que se pretenda convertir una crisis compleja, multicausal y estructural en una caricatura personal es otra cosa. Especialmente cuando quienes ahora claman por dimisiones son incapaces, durante sus etapas de gobierno, incluida la de la nación en la actualidad e articular políticas de prevención en ningún campo que decidamos explorar.

La insistencia en presentar a Suárez-Quiñones como un “lastre electoral” para el PP leonés contrasta, además, con un dato político relevante que rara vez se menciona en estos textos: su reconocimiento transversal como interlocutor válido, incluso por responsables institucionales de distinto signo. El propio presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, ha respaldado públicamente su labor, y no son pocos los alcaldes y cargos locales —también fuera del PP— que reconocen su capacidad de gestión y su conocimiento profundo de la realidad territorial leonesa. EL últio caso en hacerse público para ofensa del PSOE de Castilla y León el del alcalde de León, que reconoció al consejero quiñones como el mejor político representando a León.

El problema de fondo no está en el Partido Popular, sino en el Partido Socialista Obrero Español de Castilla y León. Un partido dividido internamente, sin un proyecto reconocible para la Comunidad y con dificultades evidentes para articular un liderazgo sólido en provincias clave como León. En ese contexto, señalar a Suárez-Quiñones como “enemigo a abatir” cumple una doble función: cohesionar artificialmente a una oposición desdibujada y alimentar un determinado modelo de prensa que vive, en gran medida, del conflicto político amplificado.

No es casual que muchos de estos artículos adopten un tono más cercano al ajuste de cuentas que al periodismo. El interés no es informar al ciudadano, sino condicionar decisiones internas del PP y, de paso, sostener un modelo económico de medios que depende de la confrontación permanente y de la subvención indirecta del desorden político. La crítica se convierte así en producto, y el adversario en mercancía editorial.

Desde una perspectiva de análisis político con décadas de experiencia, el movimiento es reconocible. Cuando no se puede competir en proyecto, se intenta competir en desgaste. Cuando no se gana en gestión, se busca la erosión personal. Y cuando no hay alternativa clara, se intenta desestabilizar al rival más fuerte. Suárez-Quiñones no es el problema del PP leonés; es, precisamente, uno de sus principales activos estratégicos, y por eso concentra los ataques.

La realidad electoral de León será compleja, como lo ha sido históricamente, y dependerá de múltiples factores: contexto económico, dinámica nacional, movilización del electorado y capacidad de propuestas. Simplificar ese escenario a la figura de un solo dirigente no es análisis, es propaganda.

En definitiva, la campaña mediática contra Juan Carlos Suárez-Quiñones no es nueva ni es original, sino el envenenamiento de una oposición que persiste en un abecedario de manual de neutralizar por las vías ordinarias. Y cuando la política entra en esa fase, el ciudadano habría bien en leer con cautela, separar hechos de opiniones y entender que el ruido no es más que eso: ruido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *