La Diputación de León no desarrolla inteligencia artificial propia: el proyecto se basa en licencias externas de ChatGPT
La iniciativa provincial presentada como “pionera” en IA se limita al uso de herramientas ya existentes, sin desarrollo tecnológico propio ni creación de valor innovador en el territorio
Entradilla
La estrategia de Inteligencia Artificial impulsada por la Diputación de León ha sido presentada públicamente como una iniciativa pionera en el ámbito de la innovación pública. Sin embargo, un análisis riguroso de la información disponible revela que el proyecto no consiste en el desarrollo de una IA propia, ni en la creación de tecnología desde la provincia, sino en la adquisición y uso de licencias de herramientas de terceros, fundamentalmente ChatGPT, desarrollado por la empresa estadounidense OpenAI. La diferencia entre desarrollar tecnología y limitarse a utilizarla resulta clave para entender el alcance real del proyecto.
Qué es realmente el proyecto de IA de la Diputación
La Diputación ha aprobado una estrategia provincial de IA con horizonte 2030 y ha firmado convenios con ayuntamientos para facilitar el uso de herramientas de inteligencia artificial en la gestión municipal. No obstante, no existe constancia pública de ningún proyecto de I+D, ni de contratos de desarrollo de software, ni de entrenamiento de modelos propios, ni de infraestructura tecnológica provincial dedicada a IA.
En términos técnicos, la iniciativa se reduce a:
contratación de licencias de uso de una herramienta de IA generativa ya existente,
formación básica del personal en su utilización,
y elaboración de un marco normativo interno para su aplicación administrativa.
Este planteamiento es legítimo como medida de modernización administrativa, pero no puede calificarse como desarrollo de inteligencia artificial.
Uso frente a creación: una diferencia fundamental
Desde el punto de vista tecnológico, utilizar una herramienta de IA no equivale a crearla. El proyecto de la Diputación:
no genera propiedad intelectual, no crea tecnología local, no implica investigación ni desarrollo, no posiciona a León como polo tecnológico, ni genera un ecosistema innovador asociado.
La exageración desde las instituciones públicas suele ser utilizada para justificar algo caro, el uso que hacen público es extremadamente barato y es utilizado por millones de compañías en España y todo el mundo.
En la práctica, la Diputación actúa como usuario institucional de una solución creada fuera del territorio, del mismo modo que utiliza software de contabilidad, gestión tributaria o correo electrónico desarrollado por terceros.
El relato del “pionerismo” y la confusión interesada
Pese a ello, el discurso institucional ha insistido en presentar la iniciativa como un hito pionero. Esta narrativa, según fuentes del ámbito tecnológico y administrativo, responde más a desconocimiento técnico que a una innovación real.
El riesgo de este enfoque es doble:
confunde a la ciudadanía, que puede interpretar que se está creando tecnología avanzada en la provincia;
y banaliza el concepto de innovación, equiparando el uso de una herramienta comercial con el desarrollo tecnológico propio.
En un contexto de despoblación, debilidad del tejido productivo y pérdida de talento, esta confusión resulta especialmente grave.
Ningún impacto estructural en la economía provincial
A diferencia de un verdadero proyecto de IA, la iniciativa: No genera empleo tecnológico cualificado en León, no atrae empresas del sector, no impulsa startups ni transferencia de conocimiento, ni deja capacidades instaladas una vez finalizadas las licencias.
El retorno económico y estratégico para la provincia es, por tanto, muy limitado, y se circunscribe exclusivamente a posibles mejoras internas de eficiencia administrativa.
Modernización sí, innovación no
La utilización de herramientas como ChatGPT puede ser útil para agilizar trámites, redactar documentos o mejorar la atención al ciudadano. Nadie discute su valor operativo. Lo que resulta cuestionable es presentar esta adopción como un proyecto de inteligencia artificial propio o pionero, cuando en realidad se trata de consumo de tecnología desarrollada por otros.
Confundir ambos planos no solo es inexacto, sino que empobrece el debate público sobre qué tipo de innovación necesita realmente la provincia de León.
Conclusión
La Diputación de León no está desarrollando inteligencia artificial, ni creando tecnología avanzada desde el territorio. Está utilizando licencias de una herramienta externa, igual que hacen miles de empresas y administraciones en todo el mundo.
Presentar esta realidad como un logro pionero evidencia una falta de rigor técnico y contribuye a construir un relato desconectado de los hechos. En un momento en el que León necesita proyectos que generen empleo, conocimiento y tejido productivo, la diferencia entre usar tecnología y desarrollarla no es un matiz: es el núcleo del debate.
