El sector agrícola de Castilla y León constituye uno de los principales motores económicos y sociales de la Comunidad. Con más de cinco millones de hectáreas de superficie agraria útil y una clara especialización en cultivos extensivos como cereal, remolacha, maíz y leguminosas, la región se consolida como la mayor productora agrícola de España en volumen de tierras cultivables. La Junta de Castilla y León mantiene un esquema de apoyo estructural basado en fondos europeos de la PAC, ayudas directas autonómicas y programas de modernización e innovación destinados a garantizar la competitividad y el arraigo rural.
Castilla y León es la comunidad autónoma con mayor superficie agrícola del país. Según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, concentra aproximadamente el 25% del cereal nacional, con provincias como Valladolid, Burgos, Palencia, León y Zamora como principales áreas productoras. El cereal —trigo, cebada y maíz— representa uno de los ejes económicos del campo castellano y leonés, acompañado por cultivos industriales como la remolacha azucarera, donde la Comunidad mantiene un peso determinante en el conjunto nacional.
El peso económico del sector primario en Castilla y León supera ampliamente la media española. Mientras que a nivel nacional la agricultura representa en torno al 2.5% del PIB, en Castilla y León este porcentaje se eleva significativamente, con un impacto directo en el empleo rural, la fijación de población y la cohesión territorial. Más de 60.000 explotaciones agrarias mantienen actividad en la Comunidad, muchas de ellas de carácter familiar.
En el ámbito de la Política Agraria Común (PAC), Castilla y León es la comunidad que mayor volumen de fondos recibe en España. En el marco del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027, la Comunidad gestiona anualmente más de 1.000 millones de euros en ayudas directas y programas de desarrollo rural. Estas ayudas incluyen pagos básicos, eco-regímenes, apoyo a jóvenes agricultores y medidas agroambientales.
La Junta de Castilla y León, a través de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, complementa estos fondos con líneas propias de modernización de explotaciones, incorporación de jóvenes y apoyo a la industria agroalimentaria. En los últimos ejercicios, se han destinado cientos de millones de euros a la mejora de regadíos, eficiencia energética, digitalización y renovación de maquinaria agrícola.
Uno de los ejes prioritarios del Gobierno autonómico es el relevo generacional. Castilla y León presenta una elevada edad media en el sector agrario, lo que ha llevado a intensificar las ayudas a la incorporación de jóvenes agricultores. Las subvenciones para nuevos profesionales pueden alcanzar importes superiores a los 50.000 euros por explotación, dependiendo del plan empresarial presentado y del cumplimiento de requisitos específicos.
Además, la Comunidad ha impulsado programas de modernización de regadíos, especialmente en provincias como León y Valladolid, donde el desarrollo de infraestructuras hidráulicas resulta clave para mejorar la productividad y la competitividad frente a escenarios de sequía recurrente. Estas actuaciones se desarrollan en colaboración con comunidades de regantes y en financiación compartida entre la Junta y el Estado.
El sector agrícola castellano y leonés no solo genera riqueza directa, sino que sustenta una potente industria agroalimentaria asociada. Castilla y León es también una de las principales regiones exportadoras de productos agroalimentarios de España, con especial relevancia en cereales transformados, azúcar, lácteos y productos cárnicos.
Desde el punto de vista social, el campo representa un elemento esencial para la lucha contra la despoblación. La actividad agraria mantiene empleo estable en comarcas rurales donde la alternativa económica es limitada. En este contexto, las políticas de apoyo institucional buscan garantizar rentabilidad, estabilidad de precios y sostenibilidad ambiental.
La transición hacia modelos más sostenibles constituye otro de los retos estratégicos. La aplicación de eco-regímenes, la agricultura de conservación y la reducción de insumos se encuentran en el centro de la ruta marcada por la normativa europea y aplicada en la Comunidad bajo programas específicos.
El futuro del sector agrario en Castilla y León dependerá en gran medida de su capacidad de adaptación tecnológica, de la consolidación de mercados internacionales y de la atracción de nuevas generaciones. Con un respaldo financiero sólido y una estructura productiva consolidada, el campo castellano y leonés continúa siendo uno de los baluartes fundamentales de la economía regional y un factor decisivo para el equilibrio territorial.
